lunes, 25 de mayo de 2009

Brillante como una cacerola. Amélie Nothomb


Diez años despues de su publicación en Francia llega este librito de Amelie Nothomb, que tiene cuatro cuentos aparentemente dirigidos a público infanto/juvenil. Siempre y cuando sean hijos de padres cultos y progresistas, porque déjenme decir que la Nothomb no es precisamente una de las que va a contribuir a uniformar a las generaciones venideras. Con decir que el protagonista de uno de los cuentos es un asesino serial….. Cuando leo libros de esta autora, siempre está ella presente, en cada palabra, sea o no autobiográfico, parece estar midiendo al lector, esperando su reacción.
Aquí, con la frescura de siempre, Amelie cuestiona con humor e ironía el culto por la belleza, la existencia de Dios, la violencia estilizada que nos llega por los medios… Si usted se atreve, cómpreselo a su hijo, seguramente hará de él alguien mas interesante.

Cineclub. Richard Gilmour


Mi marido me trajo este librito, sencillo y sin pretensiones, pero que se deja leer con interés. De acuerdo a la contratapa (no me gusta hacer reseñas donde se cuente demasiado sobre la historia, perdón) su protagonista es padre de un adolescente abúlico y poco motivado a quien nada parece interesarle: ni la escuela secundaria, ni trabajar, ni nada. Ante este panorama el padre le propone dejar el colegio con una única condición: tienen que ver tres películas por semana, juntos. Y así comienza cineclub, que no es un libro “de” cine. Ni tampoco “sobre” cine. Es en realidad la historia de un padre y su hijo, de lo difícil, hermoso y doloroso que es ser padre. Eso si: un padre cinéfilo. Que a lo largo de la historia, parece lograr transmitir su pasión a su hijo.

Tal como lo dice varias veces en su relato, sus apuntes sobre las películas son breves, ya que no quiere ser pesado y aburrir a su hijo, y tal vez tenga la misma intención con los lectores. Si usted es un conocedor de cine (especialmente de cine clásico) no espere encontrar ningún dato novedoso aquí. (Aunque siempre alguna cosita nueva aparece, ¿no?). Es mas bien una suerte de “cine para principiantes”.

No. Cineclub no es un libro teórico de cine, pero es sin duda un manifiesto de amor por el. Ahí está, como un refugio tanto para el padre como para el hijo, hablándoles a veces de ellos mismos, a veces del amor, a veces del mundo y porqué no, muchas veces simplemente ayudándolos a olvidar el presente. Allí está el cine: consuelo para el mal de amores de Jesé, forma de olvido para el desempleo de su padre, terapia familiar y remedio para la indiferencia.

Para mi, lo mas valioso de este libro fue la enorme capacidad de su autor de transmitir su pasión por el talento. Me sentí completamente identificada: yo soy igual, el talento se muestre donde se muestre me desarma. Me devuelve las ganas de vivir y de permanecer en este mundo vil. Y me vi reflejada en Gilmour que se describe a si mismo completamente conmovido por la actuación Brando, de James Dean, con la voz de John Lennon, con la escritura de Woody Allen….

En suma, linda novela, que como logra interesar al lector con la simpleza de la historia, se lee con rapidez. Recomendada para padres de adolescentes, a quienes desde aquí mando mi mas sincero pésame.

…Y no, no es el Richard Gilmour de Pink Floyd, …..(He allí un ejemplo de talentos que hacen llorar de felicidad ¿no?)

Encontré esta reseña excelente… para mayor información, entonces: http://www.hablandodelasunto.com.ar/?p=1306




miércoles, 15 de abril de 2009

La hermandad de la uva. John Fante


En “La hermandad de la uva” es el primer libro de la saga que tiene como protagonista a Henry Molise, (alter ego de Fante). En este volumen, Molise, quien ya es un escritor de cierto éxito, vuelve a su hogar natal, en San Elmo, para mediar en una discusión entre sus padres a petición de sus hermanos. Este viaje, que tiene la intención de ser corto y se va a largando merced las triquiñuelas de sus progenitores, será el punto de partida para que Henry recupere los recuerdos de su infancia, su juventud, y el descubrimiento de su vocación de escritor. Los sentimientos con los que el protagonista ha convivido, comienzan a tomar un nuevo sentido a medida en que transcurre la historia, y Henry ve a su padre bajo una nueva luz. Mientras leía este libro, me sentí como una marioneta en manos del autor, que es capaz de contar una anécdota graciosísima, llena de color, y rematarla con una frase durísima. El talento de Fante le permite que las pocas páginas de la novela alberguen reserntimiento, frustraciones, dolor, y también amor, ternura reconciliación y -casi en cada página- humor inteligente.



Ni de Eva ni de Adán. Amélie Nothomb


Amelie ya es una amiga, por eso cada vez me cuesta mas hacer una reseña de sus libros. Cuando llega uno a mis manos sé que lo voy a devorar en un dia o dos. Mi intimidad con esta autora es tal que cuando miré la contratapa de “Ni de Eva ni de Adán” que me regaló mi marido, lancé un alarido: -¡La historia de Rinri! ¡Al fin!-. Y es que hay varias referencias a esta historia de amor en novelas autobiográficas anteriores. Es cierto que Nothomb nunca decepciona cuando se convierte en su propio personaje. Ella no necesita de artificios ni de seres míticos para crear mundos extravangantes, porque consigo misma basta. Cada línea que escribe es un manifiesto de su excentricidad, su mirada y su forma de vivir: un poco infantil, un poco anárquica, nunca aburrida.

Ella es única y lo sabe. Y ha logrado que muchísima gente lea lo que escribe, fenómeno respecto del cual es la primer sorprendida. Como dijo Paul Éluard “Hay otros mundos, pero están en este”: Uno de esos mundos es el cerebro de Amelie. Y todos, en la grisura de nuestras vidas, en la cobardía de nuestras elecciones, necesitamos un poco de ese mundo. Por eso engullimos glotonamente sus novelas en pocas horas. Y quedamos siempre a la espera de mas, con la tranquilidad de saber que ella todos los dias, de cuatro a ocho de la mañana, complace nuestra angurria.-



miércoles, 18 de febrero de 2009

Libros para regalar

Se me ocurrió escribir este post dando sugerencias para regalar libros y quedar bien:



Doy títulos puntuales, pensando en novelas que le pueden gustar a gente que lee mucho, a gente que no lee nada, y los intermedios. Basada en la propia experiencia, de haber prestado o regalado estos libros con éxito a personas de variados hábitos de lectura. También pienso en libros cortos, ya que muchas veces observo que la gente se siente mas dispuesta a leer si le presto o regalo algo de poca extensión.



Desde ya le aconsejo que si el homenajeado u homenajeada es un gran lector, un intelectual, cómprele una camisa o alguna otra cosa, porque seguro se equivocará. Yo estoy casada con un gran lector hace siete años y JAMÁS me atrevería a comprarle un libro....O como mucho alguno de los ùltimos publicados por la editorial Anagrama....



Divido las recomendaciones por edad y sexo, ya que creo que la etapa de la vida en que uno se encuentra es decisiva para engancharse con el tema del libro. Aquel libro que te encantó a los 20 cuando eras un joven rebelde que veraneaba en carpa en El Bolsón, seguramente no le gustará tanto al empleado de una multinacional que seguramente sos hoy....¿Se entiende? :



Para chicos: Yo no tengo chicos, asi que solo puedo dar un par de títulos, a partir de los diez años, que me parece que sirven para toda época: Dailán Kifki; “Mujercitas”, y todos los libros de Louisa M. Alcott, toda la saga de Sissi, empezando por “Sissi Pequeña Reina”, “La vuelta al mundo en 80 días”, “Tom Sawyer” ....uffff...que lindo ser chico..... Para los mas chiquitos, cualquiera de Graciela Montes. A partir de los 10 años, Elsa Bornemann ...



Para adolescentes (12 en adelante): Toda la saga de Harry Potter, toda la saga de “El señor de los Anillos” y para ellas toda la saga de “Crepúsculo”. Hay otros libros que no son de la saga pero son de la misma autora o de la misma editorial. Cualquiera de esos lo hará quedar bien. Hay una saga de Isabel Allende para adolescentes, creo que puede estar buena, pero no la lei.

Crónicas Marcianas de Ray Bradbury. Un clásico brillante. Cualquiera que lo haya leído no lo olvidó jamás. Tiene una escritura poética maravillosa, imágenes magníficas, y a la vez es una historia de ciencia ficción genial. Perfecta. Capítulos cortos pero de alto impacto, ideales para lectores primerizos.

Súper recomiendo “El Eternauta”... ya sé: no es libro sino cómic, pero no conozco un alma a la que no le haya gustado. “El Eternauta” es como Maradona y el dulce de leche: un orgullo argentino.

Pablo de Santis “Filosofía y Letras” y La Traducción”. Ojo, Pablo de Santis tiene muchos libros que han sido catalogados como “para adolescentes”. Estos títulos que sugiero yo no lo son (serían “para adultos”), pero son novelitas de misterio o policiales entretenidas e inteligentes. Estas dos son las que a mi mas me gustaron, pero lei unas cuantas mas, y todas son bastante buenas. Las específicamente recomendadas “Para jóvenes” (seguro que fue una injusticia editorial) deben ser, colijo, igual de buenas.

Me pareció maravillosa “Buenos Dias, tristeza” de Francois Sagan, que escribió esta bella nouvelle a los 17 años. De escritura grácil y sencilla, pinta toda la disconformidad de la edad, y la pérdida del paraíso de la niñez.

Todos recomiendan libros de Salinger (“El guardián en el centeno” o los “9 cuentos”)....no estoy de acuerdo, creo que solo son aptos para un adolescente muy maduro como lector. Si conoce uno de esos, bueno, la lista se agranda con autores como Hermann Hesse y Bukowsky, y sin duda “La vida está en otra parte” o “La Broma” de Kundera.

Igual los adolescentes ante la pregunta ¿Te gustó el libro que te regalé? Siempre contestan con algún sonido gutural propio de la especie, y nunca sabés que les pareció.....



Para gente de 25 en delante de ambos sexos:



Argentinos:

“Conductores Suicidas”: Brillante novela de Alejo García Valdearena, donde se cuenta .... uy, tantas cosas de la juventud, de la amistad, de dejar atrás la época de oro de la diversión y entrar al mundo adulto. Todo con una naturalidad en la escritura, con unos diálogos tan perfectos que parecen estar sonando en los oídos. Quien lea esta novela, hará un viaje a su juventud. (ediciones De la Flor)



“La asesina de Ladi Di” (no apto para mentes muy conservadoras): Novela muy loca y muy divertida, a la que han emparentado con acierto a Almodóvar. Me gusta mucho este autor, pero solo me arriesgo a recomendar esta obra...



“13, 99 euros" Ya hable de esta novela y de este autor, me remito al comentario de “Socorro, perdón”.



“El amor dura tres años” Tambien de Beigbeder, pero saliendo del tono de “denuncia social” para adoptar un tono mas intimista, aunque conservando su tono irreverente.



“Plataforma”: Michel Houllebecq es un autor de moda. No sé cómo sucedió eso, porque sus primeras obras son muy profundas, con un gran nivel de reflexión sobre el mundo en que vivimos. "Plataforma" me parece su libro mas comercial. Solo apto para quienes no se pongan colorados con facilidad, por su contenido erótico poco convencional.



Cualquier libro de Henning Mankel, aunque advierto que son todos iguales: Después de leer uno, es como si hubieras leído todos, porque la estructura es siempre la misma. Pero para leer UNO está bueno, son entretenidos. Yo leí “Cortafuegos”. Supuestamente hay una continuidad, pero se entiende perfectamente cualquiera de ellos, no hace falta empezar por el primero si o si.



Recomiendo calurosamente la trilogía "Millenium" de Stieg LArsson, aunque advierto que es un libro que está muy de moda, y corren el riesgo de que la persona ya lo posea.



“Adulterios” de Woody Allen: Tres obras de teatro, con los temas de pareja típicos de Woody Allen. Llenas de inteligencia, originalidad y muchisimo del mejor humor de Allen, ideal para fans.



Solo para mujeres:

De 28 en adelante y preferentemente casadas: “Tuya”, y “Las viudas de los jueves” y todo lo de Claudia Piñeiro ("LAs Grietas de Jara" y "Elena sabe", “Amigas Mías” de Angela Pradelli.



Cualquiera de Isabel Allende. (menos "Inés del alma mía", bodrio total)

“Mudanzas” Hebe Uhart

“Biografía del Hambre” de Amelié Nothomb

Para mujeres solteras que buscan y no encuentran los siguientes de "Chick lit": “Manual de Caza y Pesca para chicas” Melisa Bank, "Loca por las Compras", "La paseadora de Perros", "Diario de Nanny" y cualquiera de la editorial Vergara de la misma colección que las anteriores. Se consiguen en librerías o ferias de usados.

Para las que tienen diferencias generacionales con las madres: “El Club de la Buena Estrella” de Amy Tan





Finalmente recomiendo fervorosamente todos los libritos de Macanudo (si los lees en el diario de a uno, parece un humor muy tonto, en cambio si leés el librito entero, entrás en el maravilloso mundo de Macanudo y te divertís muchísimo... sólo para mentes juguetonas); los libros de Maitena (A quién no le gusta tenerlos en casa) y “Comer y pasarla bien” de Narda Lepes: este libro se lo pueden regalar incluso a gente que no cocina demasiado: porque no es un libro “de recetas” de esos que se guardan para el momento de cocinar, sino un libro lleno de reflexiones sobre nuestra forma de comer, anécdotas personales, datos útiles e ideas para inventar la propia receta de Narda. Es un libro para leerlo entero y después recién, dejarlo esperando el momento de ser usado.



Si usted piensa regalar o comprar para usted mismo algo de autoayuda, retírese de esta página inmediatamente.....

lunes, 2 de febrero de 2009

Dracula. Bram Stoker

Y hablando de vampiros, y ahora que se ha renovado el interés por este monstruo mítico, ¿Porqué no hacer una reseña del libro original y recomendarlo fervorosamente?
Drácula es una novela epistolar, que no por ello resulta pesada o dificil de entender. Sumamente amena, la historia difiere de todas las versiones cinematográficas (salvo la pelicula muda "Nosferatu"). Incluso de la peli llamada "Drácula de Bram Stoker" de Coppola, que se promocionaba como ajustada al texto. Esto lo comento no con afán de polemizar, sino para remarcar que quien lea el libro se sorprenderá. (Párrafo parte para aclarar que considero que los directores pueden hacer la película que quieran, y me parece una crítica inaceptable a una película decir que "No tiene nada que ver con el libro". Si cinematográficamente funciona, lo aplaudo igual) Yo tardé varios años en leerlo porque me parecía que era una historia recontra quemada, pero no fue así. Tiene todos los componentes: amor, aventura, ideales, y por supuesto mucho suspenso.
Es la historia de Mina, una joven comprometida que está en la casa de su prima Lucy, una coqueta y preciosa pelirroja, con muchisimos pretendientes (tres o cuatro). Paralelamente, nos cuentan la historia de su prometido, un joven abogado que va a Transilvania a hacer un trámite con un cliente de lo mas peculiar, y bueno....a raíz de los sucesos ocurridos en su castillo, se ve impedido de volver al lado de su amada en el tiempo calculado.
Mientras tanto, Lucy empieza a sufrir una extraña enfermedad, que obliga a la familia a recurrir al dr. Van Helsing. Este personaje es quien conoce la existencia de los no-muertos (como se los denomina en el libro) y las formas de luchar contra ellos. A partir de alli comienza una aventura, llena de suspenso y heroismo. No quiero contar mucho para no arruinarle el encanto a los que todavía no la leyeron, por eso la sinopsis es muy acotada.
Destaco el personaje de Van Helsing, un médico noble, sabio, me cuesta recordar un héroe anciano, aun tratando de hacer memoria....Tal vez Jean Valjean....
Algo que pensé mientras leía la novela fue "que loco debe haber sido para los primeros lectores de este libro, sus contemporáneos". Imaginense que con "Drácula" nació el mito. Nosotros hemos crecido en una sociedad llena de referencias a los vampiros: disfraz recurrente, cientos y miles de peliculas, hasta dibujos animados y comedias. Por lo tanto, aunque la novela sorprende con su trama, el personaje en sí no es un misterio para el lector del siglo XXI. Ya sabemos lo de los colmillos, que bebe sangre, que lo espanta el ajo y el agua bendita, etc. Qué loco en cambio debe haber sido ir formando, capítulo a capítulo, la identidad del monstruo. Para ellos, lectores del siglo XIX ¡que subidón! Envidia.

miércoles, 28 de enero de 2009

Opus Nigrum. Marguerite Yourcenar

La novela transcurre en la alta Edad Media, en momentos en que algunas ideas de lo que sería el renacimiento ya empezaban a filtrarse en la sociedad. El protagonista es Zenón, un médico, alquimista y filósofo con una lucidez especial y especialmente, una enorme ansia de conocimiento y sabiduría. El libro se divide en tres partes: La primera, que comprende la juventud de Zenón, tiene que ver con sus viajes. En estos capítulos, sin embargo, poco es lo que sabemos del protagonista, de quien por momentos solo conocemos su ausencia, su vida de trashumante. La novela viaja, también, como su héroe, por las vidas de personas que han estado relacionadas con Zenón: su madre, su hermana, su primo, sus maestros de juventud. Tal como su autora lo comenta en las notas que integran la parte final del libro, esta parte de la novela se asemeja a una pintura. A mi en particular me hace acordar un poco a las pinturas de Brueghel, en las que en un mismo plano aparecen cientos de historias disímiles. Cada capítulo de esta primera parte nos “pinta” la época elegida por Yourcenar. Recién en la segunda parte “La vida inmóvil” la novela, al igual que el médico y filósofo, se detienen durante unos años en un mismo lugar. Aquí se rebela el Zenón íntimo, su filosofía, sus recuerdos. Personaje maravilloso e inolvidable para cualquiera que lea esta obra. La tercera parte “La cárcel” es tan dura como perfecta.

Para destacar el primer capítulo, donde se desarrolla un dialogo entre Zenón y su primo, imperdible. La escritura de Yourcenar es un trabajo de artesanía delicado. Una autora exquisita, que para cada una de sus obras se tomó años de estudio. El resultado es una novela perfecta, un clásico.

miércoles, 14 de enero de 2009

Bibliotecas Vivas

En casa, además, había otra cosa maravillosa: una biblioteca enorme. Al menos para mi, que era tan pequeña, la biblioteca que ocupaba toda la pared desde el piso al techo era algo inmenso, mágico y hasta tanto no supiera leer, inalcanzable. Como en el cuento “El regalo de los Reyes magos” de O. Henry, nuestro tesoro, nuestro mayor motivo de orgullo y mayor riqueza era aquella biblioteca.

Hoy estoy casada con el amor de mi vida, y un lector maravilloso, Carlos. El ya tenía una biblioteca importante cuando nos casamos, y la hemos ido aumentando con el paso de los años. Al igual que en casa de mis padres, es nuestra mayor riqueza.

La ventaja de este tipo de tesoros es que a los ladrones no pueden interesarles menos. Recuerdo que al poco tiempo de casados, entraron a robar a casa. Se llevaron plata, una máquina de fotos, equipo de música y cosas que ya no recuerdo. Nuestro librero y amigo Gabriel nos preguntó si nos habían robado algún libro, a lo que respondimos que no, entre risotadas. ¡qué raro!, señaló consternado ¡con todos los libros que tienen! De haber faltado algún libro, contestó Carlos, la lista de sospechosos habría sido muy pequeña.

Mi marido ama los libros tanto o mas que yo. Y digo mas porque mientras que en mi caso la mayor parte de mi vida busqué primordialmente la lectura, el adora los libros como objetos, valora las buenas ediciones y le gusta tenerlos cerca.

Yo siempre fui ratón de biblioteca, y no había cantidad suficiente, con lo cual tuve que ser creativa con los recursos. Merodeaba bibliotecas públicas, casa de parientes y amigos de mis padres, que incautamente ofrecían sus dotaciones, sin saber que yo iría diez y cien veces de visita a saquear sus arcones.

Tanto la biblioteca de la casa de mis padres, como la que tengo ahora, son un dolor de cabeza para un ama de casa prolija. Ordenar la biblioteca es trabajoso, porque no se trata de poner los libros en los estantes así nomás, sino que tiene que haber un criterio. Es una tarea intelectual mas que física, que dura como mucho una semana, al cabo de la cual nuevamente hay libros en todas partes. Sin embargo a mi me gusta esto. Son bibliotecas vivas, que participan de la dinámica familiar. Los libros van y vienen, viajan con nosotros, los sacamos de su letargo porque nos acordamos de algo, los empezamos y los dejamos, los empezamos y los terminamos, compramos libros nuevos que aun no tienen lugar asignado, se los prestamos a amigos... Es caos colorido, querible, y para nuestra forma de ser, decorativo, porque es un desorden que habla de quienes somos.

Consejo:

- Compre libros. Usados o nuevos. Diviertase en las librerías de usados. Hay que comprar mas libros de los que se supone vamos a leer. Nunca se sabe si tendremos éxito con ese que compramos y que nos propusimos leer en el verano.

Insisto con el ejemplo de “Baudolino” (libro que no leí, ni me interesa): El cholulo que compró este bodoque “para el verano”, avanzará (por orgullo) las páginas que pueda, hasta convencerse de que es un plomo, de que no sabe nada de la caída de Constantinopla ni le interesa, que el tema religioso la última vez que lo abordó fue cuando hizo la primera comunión, y mil conclusiones mas que lo llevarán, frustrado a revolear el libro y a agarrar “El Gráfico” o “Caras”. ¡¡¡Nooooo!!!! Lo mejor es tener dos o tres opciones mas. Usted no es mal lector: simplemente compró el libro equivocado.

- Si no quiere comprar, saque libros de la biblioteca, con el mismo criterio: saque dos o tres a la vez. Si en las primera páginas no queda atrapado, pruebe con otro.

martes, 13 de enero de 2009

Los libros de mi vida

Cuando cumplí doce años, ocurrió algo maravilloso: ante una nueva exigencia de libros, mi mamá me sorprendió declarando que ya era tiempo de empezar a leer otras cosas. Y así, con poca ceremonia, rebuscó en la maravillosa biblioteca, abrió un libro en una página específica y me dijo: “lee este cuento”. Era “Final Del Juego” de Julio Cortázar. Mi puerta de entrada al mundo de la literatura adulta.

Tal vez mi mamá no tenía idea del contenido simbólico de aquel momento. Cuando yo aún no sabía leer, me sentaba a contemplar la biblioteca pensando cuándo llegaría el día en que podría apropiarme de ella verdaderamente. Y mi recuerdo es que el único símbolo que podía identificar era una rayuela blanca dibujada en el lomo de un libro negro. “Cuando aprenda a leer, el primer libro será ese, el de la rayuelita”, decía.

A partir de “Final de Juego”, es difícil hacer una cronología de los miles de cuentos y libros que le siguieron. Una vez que accedí a la biblioteca de “los grandes”, todo pasó por mis manos: antologías de cuentos, de literatura de varios países, el diccionario y los tomos de la enciclopedia de mitología griega, libros argentinos como “Rosaura a la Diez” y “El inglés de los Güesos”.

Mientras que el recuerdo de los primeros contactos con la lectura los vinculo a mi papá, debo decir que ya de grande, mi mamá fue mi primer compañera, guía y cómplice. No sólo me abrió la puerta a Cortázar, sino que también me “presentó” a García Márquez, ocupándose de que fuera leyendo libros mas sencillos antes de atacar las grandes obras. Primero me dio un cuento que se llama “Isabel viendo llover en Macondo”, a este cuento siguieron, “La Hojarasca” “La Mala Hora” y “Los funerales de la mama grande”. Recién después leí “Cien años de soledad”. A esa altura el Gabo era como un amigo para mi.

La literatura latinoamericana fue mi gran amor de esta época.

Hasta los 17 años mi papá no me dejó leer nada de Borges, porque decía que yo todavía no estaba preparada. A lo largo de los años comprobé que esto es cierto: algunos autores requieren ciertas lecturas previas. Por eso me parece tremendo que gente que hace años que no lee, concurra a comprar un libro “para el verano” y cometa la cholulez de retirarse de la librería con “Baudolino” de Humberto Eco.

Cuando me fui a estudiar, el ritmo de lectura se desaceleró: estudié una carrera no vinculada a las letras, lo que sorprendió a todos. Las horas de estudio, que implicaban de por sí bastante lectura, y la convivencia con amigas (siempre estaba la charla, el mate listo, la salida al cine) me sacaron de ese ritmo frenético de lectura. Una de mis salidas favoritas era recorrer por las noches las librerías de la calle corrientes, que quedaban cerca del departamento.. Mirar libros de lectura pendiente era como un bálsamo reparador. Una promesa de regreso a la esencia. Al salir de la esfera familiar, conocí por amigos y por visitas a las librerías varios autores nuevos, entre los que destaco a Bukowsky, Kundera y Saramago.

Pasaron los años y me volví a vivir a Viedma. Muy poco tiempo después conocí a mi marido, Carlos.

Así, a la biblioteca ya casi leída por completo de mis padres la sucedió la de mi marido, que he de decir, aun no he sojuzgado. Casi toda la vida me tomará domar a esta diva, que ya contaba con casi mil volúmenes cuando me casé en el 2002.

Carlos es un gran lector, y comprador compulsivo de libros. Basta con la mención en una charla para que días después aparezca con el tomo en cuestión. A diferencia de quies escribe, no es amigo de la biblioteca pública ni de pedir prestado: le gusta tener los libros, especialmente si son buenos. ¡y nada de libros usados! Al contrario de lo que me sucede a mi, detesta el olor a libros viejos.

Entrando a lo importante, debo decir que en semejante cantidad de libros, muy pocos de ellos coincidían con los de la biblioteca de mis viejos. Los gustos de Carlos son completamente diferentes.

En la primera cita me comentó que los autores norteamericanos eran sus favoritos, con Raymond Carver a la cabeza. Hoy me da vergüenza confesarlo, pero yo no tenía idea de quién era. En consecuencia, desde los primeros días del noviazgo (desde antes, incluso) él tomó las riendas de mi educación como lectora.

Gracias a Carlos comencé a leer otros autores, y conocí, por ejemplo, la obra de Salinger, (cuyos libros se encuentran hoy entre mis favoritos) Irving, Auster, Houellebecq.

Ya casados seguimos descubriendo autores, siempre merced a las búsquedas e investigaciones de Charly, que es muy metódico y lee todos los suplementos culturales de los diarios. Así entraron en nuestra vida J. M. Coetzee, Haruki Murakami, Sándor Márai, Amelie Nothomb, A. M. Homes, por nombrar algunos de los favoritos.

Por suerte siempre hay mucho mas para descubrir, y sino ahí están los clásicos –que casi nunca fallan- esperando a ser leidos.

La Pequeña Lectora

Cuenta mi madre que cuando llegue a la edad en que un niño logra sentarse con la espalda derecha, uno de mis entretenimientos favoritos era jugar con un grueso libro intitulado “La Madre y el Niño”, plagado de consejos para madres primerizas. Aparentemente yo pasaba horas en el corralito, contemplando las fotos de bebés que adornaban la obra, al grito entusiasta de ¡nene! ¡nene!. Confiesa mi madre hoy día que tanto entusiasmo por tal actividad le hacía sospechar una inclinación temprana hacia el sexo opuesto.

El libro en cuestión fue destrozado por mis manos infantiles, -demasiado torpes para dar vuelta las páginas con propiedad- y reemplazado por una seguidilla de revistas viejas. Mi madre tuvo que retener en su memoria los sabios consejos del libro, para la crianza del resto de la prole.

Habiendo hecho mención a mi madre, no puedo mas que detenerme en este punto y confesar una circunstancia que jugó muy a mi favor en el camino de formarme como “lectora omnivora”: Tanto mi mamá como mi papá son profesores de literatura. Por lo tanto lectores.

He leído muchas veces que para que los hijos sean lectores los padres también deben serlo. No sé si es así, pero debo decir que todos los amigos lectores que tengo han evocado en alguna charla el recuerdo del padre o la madre leyendo. Y aquí no importa tanto la calidad del material. Creo que lo importante es tener esa imagen grabada en la retina de papá o mamá disfrutando la lectura. Pidiéndonos “por favor, no molestar”. Exigiendo ese espacio de intimidad, en el que no podíamos entrar, y que por lo tanto generaba intriga y deseo.

En mi caso el anhelo de leer se incrementaba con la visita a Casa López. Antes de que supiera leer, todos los sábados a la tardecita, me vestían con mis mejores ropas, incluyendo un elegante reloj de Mafalda y cartera con dibujo de Sarah Kay, y mi papá me llevaba al quiosco del pueblo “Casa López”, donde teníamos reservados diarios y revistas y yo un fascículo de los “Cuentos de Chiribitil”. Estos cuentos los recuerdo y releo hoy y me doy cuenta que eran tremendamente modernos tanto desde el punto de vista literario como ideológico (... fui niña en la década del 70...) Esa noche, mi papá me leía el cuento, haciendo gala de todas sus dotes histriónicas, y haciéndome soltar carcajadas.

¿Cómo no vincular la lectura con el placer? Hasta los siete años, mi mayor dolor fue no saber leer. Miraba hacia el futuro y veía muchísimos años por delante para empezar primer grado y obtener la independencia que me permitiera leer mis cuentos cuando y cuantas veces yo quisiera.

Cuando aprendí a leer, me convertí en una pequeña tirana, exigiendo la compra de libros donde quiera que fuese. Terminados los Cuentos del Chiribitil, pasé a reunir la colección de la editorial Plus Ultra “La escalerita”. Mis visitas a Casa López casi siempre me hacían acreedora de un ejemplar de la Biblioteca Billiken, colección roja. En cuanto a la colección Robin Hood, de la cual tenía varios ejemplares, recuerdo especialmente el dibujo de las contratapas: era una familia leyendo en un living con paredes forradas por los libros de la colección, para mi, directamente, la encarnación de la vida perfecta.

Si mis padres alguna vez tuvieron intención de convertirme en lectora (cosa que no creo, porque jamás me presionaron, simplemente “salí así”) les salió el tiro por la culata: estos gastos no eran rendidores, ya que pocos días después yo declaraba que “no tenía nada para leer”. Desesperados recurrieron a sus propios libros de la infancia, a la colección “El Tesoro de la Juventud” que elegantemente adornaba la casa de mi abuela y a préstamos de amigos.

En ese tren, mi mamá me introdujo al mundo de las bibliotecas públicas y populares. En mi ciudad natal hay dos, y luego de un par de excursiones acompañada, ya conocía los recovecos donde estaba lo que mas me interesaba.

Entre mis lecturas infantiles favoritas, se encuentran los libros de Laura Devetach, Maria Hortensia Lacau, Elsa Bornemann, y Syria Poletti. Ni hablar de “Dailán Kifki”, que leí en tercer grado, mi primer novela.

De las colecciones que mencioné, lei toda la obra de Louisa M. Alcott, toda la saga de “Sissi emperatriz”, toda la saga de Tom Sawyer, varios de Dickens y –lamento decirlo- muy pocos de Julio Verne y Emilio Salgari.

Me parecía que eran “libros de varón” y nadie me sacó de mi ignorancia, hasta que un compañerito de la escuela me prestó “La vuelta al mundo en 80 días”, que me encantó. Ese grato intercambio de libros se interrumpió porque las nenas de mi grado me advirtieron que todos iban a decir que yo gustaba del niño en cuestión. lo que probablemente era cierto, asi que por evitar las malas lenguas quedó interrumpida mi educación.



Consejos para lectura de los niños:

- No sermonee a los niños. La lectura no se impone con discursos. Simplemente invierta tiempo y dinero: ponga los libros a su alcance, y dedíquele tiempo desde antes de que sepan leer leyéndole usted mismo.

- No delegue en la escuela: estoy cansada de escuchar padres que se quejan de que en la escuela no les inculcan la lectura a sus hijos. ESO NO ES OBLIGACIÓN DE LA ESCUELA. Decir eso es casi como decir que en la escuela no les enseñan a ser buenas personas. Los gustos y las inclinaciones las transmiten los padres. Si usted hizo a su hijo hincha de Boca Juniors, bien puede hacerlo hincha de Borges, Los Beatles o Woody Allen. Les advierto que para cuando comenzaron la escuela, probablemente YA SEA DEMASIADO TARDE. Con toda la cultura audiovisual que hay hoy en día el niño ya habrá sido ganado por las huestes de la TV y los jueguitos electrónicos. (De cualquier modo eso de por si sólo no es excusa: me considero televidente y adoro los juegos de computadora, e igual me hago tiempo para leer). Por otra parte, la escuela es un ámbito que genera mucha resistencia: probablemente sólo por el hecho de que proviene de la maestra los chicos tengan mala predisposición. Y convengamos que algunas maestras y profesoras se equivocan horriblemente con los libros que proponen: ¡gracias a dios a mi ya me gustaba leer cuando aprendí a leer! Odié “Platero y yo”. Lo odié. Lo odio.

- Si usted no lee, su hijo tampoco lo hará. Y todos los consejos que siguen se aplican a la elección de libros para chicos.